De cara al cáncer infantil

Voluntariado Social de Fundación Nuestros Hijos:

UNO RECIBE MUCHO MÁS DE LO QUE SE DA APOYANDO A LOS NIÑOS Y SUS FAMILIAS

En 1991 la Fundación dio sus primeros pasos como un voluntariado de personas con el objetivo de apoyar a niños y padres del Hospital Dr. Exequiel González Cortés. Con casi 30 años de trabajo, el voluntariado social de Fundación Nuestros Hijos continúa realizando una labor esencial: ser una cara distinta de la organización, entregando contención y apoyo con mucha compasión para las familias que están en este proceso de enfermedad.

Josefina Berliner, gerenta general de nuestra fundación, explica que “las voluntarias son colaboradoras anónimas que hacen su trabajo sin buscar ninguna retribución y no piden agradecimientos.  Realizan labores de acompañamiento en los hospitales y en las casas de acogida. Las personas no se imaginan, pero cuando un niño tiene una enfermedad que dura tanto tiempo, los cuidadores y cuidadoras se cansan y se desgastan. Son muy difíciles las largas estadías en los hospitales y nuestras voluntarias hacen turnos de acompañamiento que permiten que tanto las madres, como los padres y los niños, puedan tener vivencias más allá del tratamiento”.

 Primeros pasos

Verónica Terrazas, es una de las voluntarias con más tiempo en nuestra organización, partió el mismo año en que se creó la fundación. Fue contactada directamente por una de nuestras fundadoras, Marcela Zubieta, quien le preguntó si quería ser voluntaria, a lo que Verónica de inmediato aceptó, debido al cariño que siente por Marcela, su historia y por los niños con cáncer con dispares posibilidades de sobrevida.

Al comienzo, el primer desafío que se impuso la Fundación era sacar a los niños y niñas con inmunodeficiencia de la sala de espera común del Hospital Exequiel González Cortés, donde podían contagiarse de cualquier otra enfermedad; “partimos llevando cada una lo que podía, como juguetes. Hicimos una sala de juegos y cuando íbamos, dos o tres días a la semana por grupos, sacábamos a los niños de las salas de espera común y los llevábamos a esta salita y así los entreteníamos mientras los llamaban, también les dábamos colaciones”. “Además, acompañábamos a las mamás y conversábamos con ellas, de esta manera, comenzamos a conocer mejor las necesidades de los niños. Entre mejor entendíamos las necesidades, fuimos creando más cosas”.

Verónica nos da una mirada sobre cómo ha evolucionado la Fundación en estos casi 30 años de trayectoria: “antes no había oficina, todos éramos voluntarios y nos esforzábamos en juntar dinero para lo que organizábamos rifas, bingos, etc, porque estábamos partiendo desde cero. No había todo lo que hay ahora y, ahora, es realmente increíble e impresionante todo lo que se ha logrado”.

 

Tanto es así, que hoy el voluntariado funciona casi de manera independiente a la Fundación y es Jazmine Fernández, nuestra enfermera coordinadora de servicios, la encargada de coordinar desde la Fundación el trabajo con el voluntariado social. Ella reconoce la importancia de la labor de las voluntarias: “Son mujeres increíbles que lo entregan todo de una forma desinteresada, es realmente el amor hecho acción”.

 Las diferentes labores del voluntariado social

Los trabajos que hace el voluntariado social son muy diversos: están las que visitan a los niños en los hospitales, las que van a la casa de acogida, los que hacen donaciones, las que se ofrecen a trasladar a niños en sus autos, algunos trabajan en los Colegios Hospitalarios o dan reforzamiento personal, entre otros, dependiendo de lo que vaya surgiendo.

 “Las voluntarias también apoyan fuertemente a través de distintas campañas. Por ejemplo, en nuestro Programa de Cuidados Paliativos, que es fundamental para que el niño y su familia puedan pasar los últimos momentos de manera digna, acompañados y con todo lo que necesitan en esos difíciles momentos que tiene que vivir una familia”, explica Josefina Berliner.

El número de voluntarias sociales es muy variado y ha ido fluctuando en el tiempo, aunque actualmente hay unas 15: “ahora somos un grupo muy estrecho, nos gusta ser una comunidad. Es una labor difícil y hay personas que no lo pueden resistir porque es muy fuerte estar en la primera línea de esta enfermedad”, afirmó Verónica Terrazas.

“El cáncer en un niño es peor”

Una de las voluntarias es Verónica Risopatrón, quien es trabajadora social y lleva 13 años siendo parte de la Fundación, desde 2007. Siempre muy comprometida, va tres veces por semana al Hospital Exequiel González Cortés para visitar a los niños, darles cariño, conversar y jugar con ellos. También se preocupa de los padres y de contenerlos emocionalmente porque muchas veces se sienten muy agobiados y cansados por la situación.

Su inspiración para unirse al voluntariado ocurrió cuando uno de sus nietos fue diagnosticado con un cáncer bastante agresivo. Un año después del diagnóstico, ella decidió cambiar su rubro profesional y dedicarse a ayudar a niños con cáncer. Acerca de qué significa para Verónica ser voluntaria de la Fundación, expresó “este trabajo es muy gratificante porque realmente es maravilloso ver cuando un niño está entretenido con las actividades que hacemos”.

A Verónica su labor, la ha hecho aprender mucho de las personas que ha conocido: “Durante el tiempo que he estado en la fundación he aprendido de lo maravilloso que son las familias de los niños, porque el cáncer es difícil, pero el cáncer en un niño es peor. Tú ves la fortaleza de esas mamás maravillosas, cómo se aferran a salir adelante. También de la gente que trabaja en la fundación, su generosidad maravillosa de estar siempre presentes”.

 

Voluntarias durante la pandemia

Este año el Covid-19 llegó para quedarse un largo tiempo y los niños de la fundación, al estar inmunocomprometidos y ser población de riesgo, necesitan de cuidados especiales y protegerse del frío durante el invierno. Para esto la fundación creó una campaña de invierno llamada “Abriga una Familia”, que busca el apoyo de todas las personas.

Para el voluntariado Social la pandemia no ha sido un impedimento para seguir ayudando, y durante esta campaña, hicieron una generosa donación para la Unidad Oncológica Pediátrica del Hospital Dr. Sótero del Río, de estufas y cortinas roller que irán en las ventanas de las habitaciones para aislar el frío. Gracias a estas donaciones, los niños, niñas y adolescentes que se atienden en el Hospital estarán con mejores condiciones durante sus tratamientos y con mejores oportunidades de sobrevida.

Jazmine Fernández, asegura que, “todas están muy comprometidas y a pesar de que ahora no pueden estar presencialmente acompañando, ellas están diariamente trabajando. Por ejemplo, todos los meses reúnen dinero para que nosotros podamos seguir entregándoles almuerzo a los papás que están los niños hospitalizados”. Esta ayuda con vales para la alimentación, en estos momentos de crisis son muy importantes, debido a que muchos de los padres de los niños han perdido sus fuentes de ingreso.

 

Su trabajo es esencial

El aporte colaborativo de las voluntarias durante tantos años y su generosidad es esencial para cumplir la misión de nuestra fundación, que es “Enfrentar el cáncer infantil desde todas sus dimensiones para que los niños, niñas y adolescentes tengan la oportunidad de vivir la enfermedad con dignidad. Tratarse, recuperarse y ser incluidos socialmente”.

Johanna Pavez, mamá de Cristóbal (8), ha recibido apoyo de las voluntarias, ella reconoce que, “se han portado excelente, han estado desde el primer momento, juegan con los niños, te acompañan, pasan a ser parte de tu familia. Nos ayudan en los momentos más complicados, en lo emocional como en cosas materiales. Lo principal es que la preocupación genuina siempre está”.

“El voluntariado es un grupo de personas maravillosas que tienen una entrega, una generosidad increíble. Un entusiasmo y pasión por lo que hacen, que de verdad forma parte del corazón de la fundación”, afirma Jazmine Fernández, sobre su importancia.