Una historia de enamorados

En el mes del Cáncer Infantil descubrimos grandes historias de sobrevivientes que gracias al haber contado con una de red apoyo integral hoy han reconstruido sus vidas y son personas felices. Entre todas estas historias, hay una especial donde el amor es el gran protagonista; es la historia de Derek Cerda, sobreviviente de cáncer infantil quien conoció al amor de su vida en nuestra Casa de Acogida.

Era un tibio día de febrero, y el viento encrespaba las olas en la playa Las Ventanas. Derek Cerda tenía 13 años y pasaba la tarde lanzándose piqueros bajo las olas. Vio algunas marcas moradas en sus piernas y todos pensaron que éstas se debían al frio del océano Pacífico. Pero también decayó su ánimo y se afiebró. Su familia regresó a Santiago -había que prepararse para el colegio- y lo llevó al consultorio de salud más cercano. Ahí los médicos les alertaron sobre un posible cáncer de sangre, pero fue en el Hospital Exequiel González Cortés donde recibieron el diagnóstico definitivo: leucemia linfoblástica aguda. Derek nunca había escuchado hablar de esta enfermedad. Luego vino la hospitalización y la separación de su familia y los amigos. Lo asustaba la idea de no volver a jugar en el mar ni ver a sus «yuntas».

Al poco tiempo Derek comenzó a estudiar en el colegio hospitalario de la Fundación Nuestros Hijos donde encontró nuevas amistades y la oportunidad de descubrir un talento innato como constructor, gracias al Taller de Robótica donde participó junto a otros compañeros con cáncer, y con el cual pudo viajar a competir a Estados Unidos. «La escuelita intrahospitalaria de la Fundación fue también mi tratamiento, la pasaba muy bien ahí» confiesa Derek.

La semilla de amor en Casa de Acogida

Al cabo de dos años Derek terminó su tratamiento médico con éxito, pero nunca se alejó de la Fundación, incluso representó a FNH en encuentros de sobrevivientes fuera de Chile retribuyendo con amor el apoyo recibido. «Seguí ligado a la Fundación, seguí participando en actividades de la escuelita, y adonde me invitaban, y un día me pidieron dar una charla motivacional en la Casa de Acogida, para mostrarles a las mamás de niños que estaban en ese momento en tratamiento por cáncer, que sí se puede sobrevivir y alentarlas en este etapa de sus vidas», explica Derek.

En Casa de Acogida, Derek conoció a una joven y acongojada madre, Ángela Fuentes, cuyo bebe también tenía Leucemia.

«Derek nos contó cómo le había afectado a él la enfermedad, el tratamiento, también como lo había enfrentado su mamá, y eso nos aliviaba mucho.  Como mi hijo (Maxi) era bebé, tenía dos meses cuando llegamos a la Casa de Acogida,  yo no sabía qué estaba sitiendo él, qué estaba pasando con su cuerpo, cómo le efectarían las quimioterapias. Y así conversábamos con Derek, y fuimos formando una linda amistad que con el tiempo se transformó en amor», cuenta Ángela, su esposa.

Tras 12 meses, el cáncer se llevó la vida de Maxi,  pero la semilla de amor que había estado brotando entre Ángela y Derek, ayudó a ambos a sobrellevar ese momento, y dos años después se casaron y volvieron a la Casa de Acogida para inmortalizar el momento de su unión conyugal.

 

 

Vida de casados en Quintero

Hoy Derek y Ángela viven juntos en Quintero. Llevan cuatro años casados. Tienen su casa propia y cada uno su trabajo. Derek trabaja como constructor independiente en proyectos ecológicos y además practica surf casi diariamente. Del miedo de niño a no volver a jugar con el mar debido al cáncer, ya no queda nada. Ángela trabaja como administrativa en una empresa privada y también es surfista. Juntos se acompañan en la vida y arriba de las olas.  En ellas Derek y Ángela encuentran ese espacio de libertad y de conexión con lo esencial de la vida: ver la belleza como espejo del amor, y lo simple que es respirar y agradecer de estar vivos cada día. El viento sopla fuerte en el mar, pero sopla a su favor.

Derek Cerda:

«Es verdad que el cáncer trajo cosas fuertes a mi vida, pero de las cosas negativas también surgieron cosas buenas y muy hermosas, como es la familia que tenemos ahora y el amor de Angie».

Derek no se olvida de Fundación Nuestros Hijos y de todas las personas valiosas que conoció aquí y que siempre le brindaron apoyo, a quienes les envió un abrazo sincero y su gratitud, deseándonos mucho éxito en nuestra misión de continuar apoyando a niños, niñas y adolescentes, que al igual que a él le tocó a los 13 años, están enfrentando ahora el cáncer infantil. ¡Gracias Derek!

En el siguiente video puedes ver el reportaje completo de esta historia contada por sus protagonistas.