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Diagnóstico

Diagnóstico precoz del cáncer infantil

En general el diagnóstico oportuno depende de 3 factores:

Tumor: su velocidad de crecimiento. En general los de la infancia son de rápido crecimiento. Esta característica los hace más sensible a los tratamientos si se compara con el cáncer de los adultos.

Padres: en general se relaciona con la capacidad de darse cuenta de los síntomas o signos que presente su hijo. Esta capacidad se relaciona con muchos factores, a modo de ejemplo, escolaridad, nivel cultural, información médica que tiene la familia, creencias, etc. Muchas veces son las madres en especial en niños pequeños las que detectan masas anormales o sangramientos, mientras están realizando labores de cuidado de sus hijos como por ejemplo, durante el baño de rutina en niños menores.

Equipo de salud: cuan acucioso sea en tomar en cuenta síntomas o signos constatados durante la consulta de salud.

Atención a estos signos:

En general, el cáncer infantil se detecta en etapas avanzadas de la enfermedad. Algunos tipos de cáncer como la leucemia, son muy difíciles de diagnosticar precozmente y éste diagnóstico se hace más tardíamente, cuando están presentes todos sus síntomas. Otros tipos como los tumores óseos o de retina, pueden ser detectados en forma temprana. Tanto los padres, como el pediatra en un control de rutina, pueden descubrir ciertos signos sospechosos.

No se trata de alarmarse ante cualquier malestar, sobre todo considerando la baja incidencia de esta enfermedad en los niños. Además, muchos de estos síntomas son similares y se confunden con enfermedades habituales de los niños. La idea es que los padres conozcan los signos de alerta para que puedan hacer las consultas a tiempo, pues mientras mas precozmente se detectan, más localizado esté el tumor, el pronóstico será mucho mejor.

Cualquier síntoma que persiste sin una explicación clara, debiera ser chequeado por el médico de cabecera.

Conviene estar atentos a:

Sangramientos: Un niño pálido, decaído, inapetente, con cuadros infecciosos que se prolongan a pesar del tratamiento adecuado, o con fiebre por más de tres o cuatro días sin una razón que la explique. Un niño que presenta moretones sin causa aparente con traumatismos mínimos, o que sangra repetida y profusamente por ambas fosas nasales o al lavarse los dientes. Estos son síntomas de la leucemia, debido a que compromete la producción de glóbulos rojos causando anemia, de glóbulos blancos predisponiendo a infecciones, y de plaquetas determinando sangramiento. Es conveniente consultar al pediatra, quien evaluará si es necesario hacer exámenes, o si los síntomas corresponden a otra afección, por ejemplo una gripe.

Ganglios inflamados: Este es un síntoma que alarma mucho a los padres, y es motivo frecuente de consulta. Los ganglios en el cuello, axilas e ingles son frecuentemente palpables en la infancia, y se consideran aumentados de tamaño cuando miden más de 1 cm. La mayoría de las veces es una reacción benigna a una infección local, por ejemplo amigdalitis con inflamación de ganglios del cuello, o viral como la mononucleosis. Sin embargo, si los ganglios superan los dos centímetros, son duros, indoloros, poco móviles, tienden a crecer o no disminuyen con el tiempo o tratamiento antiinflamatorio, deben ser evaluados por el pediatra quien determinará el estudio necesario para descartar un linfoma (cáncer de ganglios), o una leucemia.

Dolores de cabeza: Es un problema común en la práctica pediátrica. Generalmente corresponden a una jaqueca, aunque a veces pueden deberse a problemas en la vista, sinusitis o incluso stress. Pero si el dolor se hace cada vez más intenso y frecuente, se acompaña de vómitos explosivos, lo despierta durante la noche, o el niño despierta con él en la mañana, hay que consultar al pediatra. Es importante estudiarlo porque estos síntomas pueden presentarse en caso de tumores del sistema nervioso central.

Brillo extraño en la mirada: En uno de los ojos, justo donde está la pupila, puede verse además más blanco en esa zona. Este es el síntoma más importante en el diagnóstico del retinoblastoma, (cáncer de la retina) que afecta fundamentalmente a lactantes pequeños, menores de un año. Este tumor, puede presentarse también como desviación de un ojo (estrabismo). En estos casos se debe consultar al oftalmólogo, ya que si este tumor se diagnostica a tiempo, tiene 95% de posibilidades de curar, y en algunos casos puede conservar la visión del ojo afectado.

Dolores óseos: Es bastante frecuente que los niños tengan dolores óseos durante períodos de crecimiento; éstos son generalmente intensos, nocturnos y en ambas piernas. Si el dolor se localiza, especialmente alrededor de la rodilla (frecuente en osteosarcoma), aumenta en intensidad, se acompaña de inflamación o hace cojear; debe ser evaluado. Atención especial a cojeras dolorosas y progresivas no asociadas a fiebre en especial en niños mayores de 9 años y si se asocia a aumento de volumen.

Tumores abdominales: El dolor abdominal en la infancia, especialmente en los escolares, es un síntoma muy frecuente e inespecífico, y rara vez es el síntoma más destacado en un tumor abdominal. Los tumores generalmente se presentan con una molestia bastante vaga, alteraciones en hábitos para orinar o defecar, o vómitos recurrentes. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, el diagnóstico se hace por palpación de una masa. Un porcentaje muy importante de los tumores abdominales se presentan en menores de 5 años, por lo que el control pediátrico periódico es fundamental en el diagnóstico.

Masas o aumentos de volumen en el testículo: pueden orientar a un cáncer de esta ubicación, esta situación obliga a una consulta inmediata.

Todas las situaciones descritas, pueden obedecer a múltiples situaciones clínicas en pediatría, dentro de las cuales en general, la causa oncológica es la menos frecuente, sin embargo, dado su gravedad y el impacto que tiene el diagnostico precoz en los resultados del tratamiento, es importante descartar a tiempo esta causa, cuando se sospecha.

Los diagnósticos de cáncer infantil, cada vez más precoces han permitido que las consecuencias de éste disminuyan, a modo de ejemplo, en el caso del osteosarcoma se eviten amputaciones. Actualmente, los niños no sólo se curan, sino que también conservan la extremidad.

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